¿Aula segura para todes?

Hace algunos días la Ministra de Educación anunció el proyecto de ley “Aula segura”, el cual resguardaría la seguridad de les estudiantes en los establecimientos municipales del país. La secretaria de estado hablaba de un problema nacional y de un aumento en los actos de violencia cometidos por estudiantes, por lo que era necesario reaccionar de manera dura y concreta en contra esta situación que está destruyendo a la educación pública, por lo que era hora de acabar con el miedo de les alumnes, funcionaries y profesores asustades durante las horas de clase.

El proyecto fue ampliamente criticado por variados sectores debido a la propuesta autoritaria e injusta que lo sustenta. A través de esta nueva ley, se busca dar mayores atribuciones a les directores de los establecimientos, con el fin de entregarle la facultad de expulsar, sin un proceso de investigación detrás, a cualquier a alumne sorprendide en algún acto de violencia. Tras la expulsión, el alumne sería trasladado a otro establecimiento, sin contar con un programa claro y concreto de apoyo de reinserción en el nuevo recinto educacional, por lo que es una iniciativa altamente punitiva y segregadora, que no ataca el problema de fondo y que solo busca higienizar ciertos establecimientos, con el fin de mantener la reputación de éstos.

Pese a las críticas realizadas de manera transversal al proyecto presentado por el Ejecutivo, no se ha hecho una mirada más profunda a la lógica que sustenta la iniciativa propuesta hace unos días, ya que resulta curioso que se hable de una problemática nacional, cuando los actos de violencia que busca perseguir este proyecto no afecta a más de diez establecimientos municipales. Entonces surge la interrogante de si estamos discutiendo sobre un proyecto de ley enfocado en la educación pública o en una minoría que formar parte de esta, porque la realidad y los problemas que afectan a los establecimientos denominados como “emblemáticos”, no son los mismos que afectan a la mayoría de los colegios municipales de este país.

Cristian estudia en un colegio municipal de Conchalí. Su liceo nunca ha salido en la tele y no tiene excelencia académica. Comparte una sala de clases con 45 personas, las cuales deben agacharse al menos una vez a la semana durante la jornada escolar para cubrirse de las balas que adornan el discurso del profesor de turno. El tiroteo se detiene y les alumnes vuelven a depositar sus cuerpos sobre las sillas. La clase continúa sin mayor interrupción. Para Cristian y sus compañeres no hay Aula Segura, ni proyecto de ley que resguarde su seguridad y derecho a educarse en condiciones dignas.

¿Por qué para Cristian y sus compañeres el gobierno no actúa con tanta rapidez? ¿Por qué debatimos ampliamente sobre la realidad de unes pocos y no de la mayoría? Y no es que no exista un protocolo ante las situaciones de violencia que está afectando a los liceos emblemáticos, sino que se busca diseñar una herramienta más rápida y poco profesional, con el fin de afectar la imagen y la posición de estos liceos. Y no es la primera vez que se diseña una ley que se ajuste a la realidad particular de estos establecimientos, ya que la Reforma Educacional, presentada por la administración anterior, fue modificada por el Congreso para asegurar que los liceos emblemáticos pudieran seguir seleccionando a un cierto porcentaje de alumnes que buscaban ingresar a estudiar en esos recintos educacionales.

Es así que la modificación a la Reforma y el reciente proyecto de Aula Segura se sustentan bajo la idea de salvar a los autodenominados bastiones de la educación pública: los liceos emblemáticos. Una educación pública que es bastante particular, ya que es altamente elitista, segregadora y competitiva. Una realidad muy ajena a la de la educación pública chilena, una que se encuentra dañada por los vicios que afectan al sistema educacional que impera en nuestro país. Realidad que no parece cambiar al corto plazo, cuando se disfrazan como políticas públicas a medidas que buscan perpetuar y mantener a una cierta élite educacional. Porque sí, los liceos emblemáticos forman parte de una élite, una segregadora y violenta, que pese a representar una alternativa de superación y crecimiento para muchas personas condenadas por su realidad económica y social, siguen operando bajo las lógicas que perpetúan la desigualdad en el sistema educacional del país.

Es necesario traer al debate las verdaderas problemáticas de la educación pública y no trabajar en base a una realidad que no refleja la verdadera situación que se vive a nivel nacional. Porque los liceos emblemáticos no son el bastión de la educación pública, ni los que la mantienen viva, ya que la verdadera educación pública es aquella que no segrega, ni tiene la competitividad, el crecimiento personal y la meritocracia como motor, realidad que caracteriza a este tipo de establecimientos educacionales. Debemos apuntar a la construcción de una educación pública que garantice el desarrollo colectivo y la igualdad de oportunidades para todas y todos, por lo que se deben adoptar medidas que realmente la fortalezcan de manera universal y equitativa, y no solo para perpetuar la élite de los mal llamados liceos emblemáticos.

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