(Te) escribo canciones parte I: Amigo

Siempre me creí ese cuento de que el arte no nace de la felicidad. Debo haber escuchado esa frase cuando aún era una adolescente impresionable y que lentamente se volvió parte muy fundamental de mi concepción de creatividad.

Admito que es algo que tuve asumido tanto tiempo que estaba convencida de que mi creatividad se había visto limitada en el minuto en que comencé a ser feliz hace cinco años, cuando comencé una relación estable que terminó, en buenos términos, este año. Y, admito también que, pos-término, aproveché cada gota de tristeza y ansiedades varias para ponerme a trabajar creativamente porque así se supone que funciona esto del arte ¿O no?

La cosa es que, viendo mi 2018 hacia atrás, puedo decir que acepté bastante autoflagelación en pos del arte y de eso es lo que quiero hablar en este espacio. Del volver a escribir canciones desde esa mirada y todo lo que he aprendido hasta ahora.

No quiero decir con eso que las canciones que escribí antes de este periodo un tanto caótico en mi vida no sean válidas o buenas, pero las siento distintas, tienen otra vibra, otra pasión detrás, mucho tiempo de escritura entre ellas y esa Jo, yo, no se entendía aún como se entiende ahora musicalmente, como Titina Elegante.

Titina Elegante parte realmente cuando escribo Amigo, canción que no se llamaba así en un principio y que aproximadamente solo cinco personas saben cómo se llamaba realmente. Me gusta mucho esa canción pese a que fue el inicio y el gatillante de una serie de episodios ansiosos de los que hoy me arrepiento un tanto pero a la vez no.

Le escribí esa canción Amigo a amigo. Sé que suena un tanto ridículo presentarlo así pero es verdad. A amigo le tengo cariño pero siempre supe que no era una persona con la que pudiera tener algo remotamente serio y, sin embargo, igual me embarqué en el rumbo de escribirle canciones porque soy cáncer de signo solar, de ascendente y, no tengo idea en qué influye mi luna en capricornio, pero se podrán dar cuenta que soy una mujer astralmente intensa.

Y como soy dada a las emociones, a expresar lo que siento en forma de canciones y a ser bien boca de tarro, no hallé nada mejor que escribirle una canción a este amigo y contarle. Obvio que al principio la apreció pero luego le empezó a paquear la situación porque amigo está acostumbrado a los secretismos y yo soy muy poco secretista.

Me encantaría decir que nunca más le escribí una canción a amigo. Fue mi alter-ego, no fui yo. Pero en realidad eso es mentira. Utilicé a Titina Elegante. En realidad fui yo. Que soy las dos pero al fin y al cabo soy la misma Jo y probablemente les seguiré contando acerca de cómo fueron avanzando las canciones porque, si escuchan Amigo, entenderán que, desde una mirada bastante inocente, a mí realmente hasta cierto punto me gustó amigo y no dimensioné en el momento de escribir la canción todo lo que vendría después.

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