Hace exactamente un año atrás falleció Joane Fovril. El día de hoy nuestro columnista Benjamín Cortés le dedica una reflexión.

Su rostro cubierto por lágrimas se tomó las portadas de la opinión pública. Con una imagen que la mostraba esposada y con una mirada que pedía ayuda, Joane Fovril dejó su anónimato de manera violenta,  para convertirse en la joven haitiana que supuestamente había abandonado a su hija en dependencias de la Municipalidad de Lo Prado.

Se vino desde Haití a principios del 2017  con la esperanza de encontrar un futuro mejor y poder ayudar a su familia que se quedaba en su país. Junto a Wilfred, su marido, se establecieron en una comuna de Cerro Navia. Las cosas en Chile no estaban tan bien. Las oportotunidades de trabajo eran escasas y el abuso hacia les inmigrantes era horroroso. Por eso, cuando un hombre se le acercó para comunicarle sobre una oportunidad de trabajo para su pareja en la municipalidad de Lo Prado no dudaron en aceptarlo: tenían que mantener a su hija, de apenas dos meses.

El cargo consisitía en trabajar como jardinero en las instalaciones de la municipalidad. A pocos días de haber comenzado su trabajo, a Wilfred le robaron su mochila, donde llevaba  todos sus documentos y el poco dinero que tenían, pero lo que más le preocupaba a Joane, era que ahí estaba el carnet del consultorio de su hija. Desesperada, la joven de 27 años, se dirigió al día siguiente, el 30 de agosto de 2017, a la Municipalidad de Lo Prado con el fin de recuperar la mochila de su marido.

Sin saber casi nada de español, Joane trató de comunicarse con funcionaries municipales, que poco o nada le entendían. Como pudo, dejó encargada a su pequeña de dos meses a un guardia de la Municipalidad. En Haití, a las personas que utilizan algún tipo de uniforme, se les reconoce como una autoridad de confianza, por lo que dentro de la cultura y visión de Joane, estaba dejando a su hija en el lugar indicado. Se dirigió a los alrededores de la municipalidad, donde un grupo de hombres haitianos se encontraban trabajando en una construcción para ver si la podían ayudar de algún modo. Sin éxito, se dirigió a su casa, que se encuentra a 8 minutos caminando desde la municipalidad, para ir a buscar unas cosas.

Cuando habían pasado tan solo diez minutos, desde la oficina donde Joane dejó a su hija, bajo el cuidado del guardia, llamaron a Carabineros y al Sename para denunciar el abandono de la menor. Según el parte que consta en la institución, dos funcionarios de la municipalidad siguieron a Joane, e incluso la grabaron ingresando a su casa. En ningún momento intentaron acercarse a ella, explicarle la situación y decirle que en Chile las cosas no funcionaban igual que en su país.

En la noche, policía llegó a la casa de Joane para detenerla, un vecino tuvo que actuar como traductor. Desde este momento, el dolor y la desesperación se apoderaron de Joane. La trasladaron  a la 48 Comisaría de Asuntos de Famialia. Desde ahí comienzan 12 horas difusas, donde no hay claridad sobre qué pasó con Joane. Después de intentar explicar a Carabineros la situación, la trasladaron al segundo pabellón de aislamiento de la Comisaría. Minutos más tarde comenzó a azotar su cabeza contra el muro. Pasado la medianoche, fue trasladada a la ex Posta Central. En el recinto la hospitalizaron, para luego trasladarla a la UCI por una falla renal. Examinándola, no solo descubrieron que tenía lesiones provenientes de los golpes que ella se propinó, aún nadie explica de donde vienen estas lesiones.

Mientras Joane era ingresada, Wilfred y su familia en Chile, buscaban por todas las comisarías a la joven y su hija. Tras horas de búsqueda, le dijeron que Joane se encontraba hospitalizada. En el recinto, su marido trató de explicarle a Carabineros que él era el padre de la menor, pero le pidieron documentos que lo acreditaran. Se los habían robado solo hace un par de días.

El 4 de septiembre Joane salió de la UCI. De a poco su salud mejoraba, pero el ánimo cada vez decaía con mayor fuerza. La joven entró en una depresión por haber sido alejada de su hija. Buscaba respuestas, pedía explicaciones, solo quería estar cerca de su beba, como le decía Joane. En paralelo, Wilfred hacía los trámites para recuperar a su hija. Tendría la primera audiencia el 20 de septiembre y, de manera sorpresiva, una semana antes, lo llamaron de la Municipalidad de Lo Prado para comunicarle que habían encontrado sus documentos. Sin embargo, en una nueva audiencia el 27 de septiembre, el Juzgado de Famila de Pudahuel rectificó que la niña seguiría bajo el cuidado del Sename.

Ese mismo día, a las tres de la tarde, Joane había sido trasladada nuevamente a la UCI, esta vez por una falla hepática. La situación era grave, debían realizarle un transplante de hígado a la joven. Según los médicos de la ex Posta Central, no habían lo recursos suficientes para realizarlo, por lo que debía irse a un hospital o una clínica. Hasta el otro día aún no trasladaban a Joane. Una de las enfermeras le entregó a Wilfred un receta para comprar un medicamento. Cuando el marido llegó con él, no había ningún médico que se lo diera, una enfermera tuvo que hacerlo.

Al día siguiente, Joane fue trasladada de urgencia al Hospital Clínico de la UC. El 30 de septiembre, un día después de haber sido trasladada, Joane falleció a las 7:15, luego de haber permanecido 30 días hospitalizada. Por la última persona que preguntó antes de morir fue su hija.

Los matinales la lloraban a la mañana siguiente, luego de haberla tratado como la mujer haitiana que abandonó a su hija. La opinión pública se escandalizaba, luego de haber actuado como cómplices de la injusticia cometida contra la joven madre. Joane fue humillada, ultrajada y violentada por ser mujer e inmigrante. A Joane se le negaron sus derechos básicos, como persona, mujer y madre. El Estado actúo como verdugo contra una persona que solo llegó a Chile con el fin de encontrar un futuro mejor.

A un año de su muerte, Joane no está olvidada. Jistis Pou Joane.

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