Sobre enseñar

Cuando estaba en el colegio y trataba de decidir qué quería estudiar, lo único que tenía claro en mi cabeza era que no quería ser profesora. Jamás. Puaj. ¿Cómo alguien podría querer dedicar su vida a lidiar con personas que no quieren aprender y, además, no entienden lo que les explicas? Tedioso. Aburrido. Exasperante. Jamás.

Por azares de la vida —por indecisa y facilista— terminé por entrar a la universidad a estudiar precisamente eso: Licenciatura en Lenguas Modernas. Sabía inglés y francés, por lo que lo pensé muy sencillo, unas clases y listo, directo a ser traductora o a trabajar en la ONU como intérprete, pan comido. Ya iba más de la mitad de la carrera y todavía no, no quería enseñar, esta vez porque después de leer tanto sobre ello, había decidido que se necesitaba mucho amor y mucha dedicación y yo no tenía cabeza ni para mí misma, mucho menos para un grupo de personas que confían en mí. Todavía me rehusaba a ser profesora—además que el solo nombre me espantaba.

Hasta que lo intenté.

Hasta que lo intenté y empecé a trabajar con niños ayudándolos con su colegio, dando tutorías, preparando actividades que les fuesen a gustar y pudieran aprender experimentando otras sensaciones distintas a las que venían acostumbrados. Hasta que ví sus caras contentas y plenas cuando finalmente entendían algo que les había costado mucho trabajo, cuando se sentían tan inmersos en una actividad que olvidaban que estaban estudiando. Y se me llenó el corazón. Y empecé a aprender yo también junto a ellos: uno, porque tenía que estudiar todo lo que había visto en la primaria para poder ayudarles, y dos, porque cuando se enseña no solo se instruye, sino que se construye.

Poquito a poquito empecé a ver el lado positivo de enseñar, de lo gratificante que puede llegar a ser. Cuando me gradué de la universidad, ya tenía un poco más de dos años de experiencia, más que todo con niños, y había formado muchísimos lazos de cariño con estudiantes con los que había trabajado durante ese tiempo. Después de eso empecé a trabajar tiempo completo con adolescentes y adultos, y mi experiencia fue completamente distinta a la inicial. Percibo que las personas sienten un poco de recelo cuando una persona más jóven que ellas les va a dar una clase. Romper esa barrera puede ser difícil, pero cuando se sobrepasa, es una oportunidad de crecimiento gigante. Hay personas increíbles por donde mires, y tener la oportunidad de interactuar con ellas, de enseñarles algo y que te enseñen a ti, es insuperable. Puede ser un reto, y muchas veces es frustrante y agotador, pero no hay un día en que no me ría o en que no aprenda algo nuevo.

Enseñar viene con muchas cosas positivas. En una clase de literatura que tomé en la universidad, mi profesora preferida se detuvo un momento y nos dijo muy seriamente “Escojo enseñar porque siento que este espacio es el único lugar que tengo para hacer un cambio verdadero”, y esas palabras se me calaron hasta los huesos. El salón de clases debe ser un lugar seguro y de confianza, y una vez se tenga ese ambiente, los estudiantes pueden ser supremamente receptivos. Es en ese momento en que a través de lo que sea que se esté enseñando, se puede dar un mensaje muchísimo más profundo, se puede hablar sin tapujos de problemas sociales, del medio ambiente, de la identidad, de las emociones, hasta de política y feminismo, todo esto bajo un ambiente de confianza y en pro de educar a las personas (y es que allí está el gran reto—educar y no solo enseñar). Se puede tocar la vida de cada una de las personas que están sentadas allí, se puede poner una semillita que ellos mismos se van a encargar de regar y cuidar, pero la semillita la implanta el educador, y ese es un trabajo que requiere, tal como temía mi yo de quince años, toda la paciencia y el amor del mundo.

Ser un educador te pone en una situación de poder, y está en nuestras manos decidir qué hacer con ello. Se puede transformar la vida de muchos, se puede dejar una huella que solo un puñado de profesiones también puede hacer, se puede repartir mucho amor, comprensión y conocimiento, y aunque no sea el trabajo mejor remunerado o mejor visto, me siento plena, me siento llena y feliz, y siento que todos los días toco la vida de alguien que lo necesita.

Un comentario en “Sobre enseñar

  1. Que bellas palabras, sinceramente eso le falta a muchos profesores tanto de instruccion primaria, secundaria y universitaria…….entender que no solo es ir a hablar sobre un tema que saben mucho (aunque es válido ir a hacer clases y ya!), sino que trascender con lo que están diciendo. Tuve la suerte de tener 2 profes que trascendieron y hoy en día puedo decir que son mis amigos, efectivamente cultivamos una relación de amistad mas allá de la relación de poder profesor-alumno que es muy dificil dado el sistema que existe, lo importante de todo esto es que existen personas bknes cmo tu, como mis profes amigos que van mas allá de hablar sobre lo que saben y que son capaces de inspirar a otr@s para que sigan aprendiendo. 💕

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