Por Andrea González: Mi arroba es furiosopetalodesal. Veintiocho inviernos. Cientista política de formación, barista de oficio. 


Parte importante de mi pega es el trato con las personas y debo partir esto diciendo que me gusta mucho atender gente. Conocer personas nuevas todos los días, alegrarme cuando las caras agradables se comienzan a repetir y generar relaciones más cercanas con las personas a las que les preparo cafecitos me hacen genuinamente feliz.

Sin embargo, hay varias situaciones que se repiten más seguido de lo que me gustaría, y hace rato tengo ganas de escribir, hablar o discutir sobre ellas. El café –y las dinámicas que se dan en cafeterías– me parecen una muy buena oportunidad de poner en la mesa temas que son importantes hoy y que se cuelan en todos los espacios de nuestras vidas. Y si bien son muchos temas, ahora quiero referirme puntualmente a un acto muy cotidiano que –a mis ojos– revela los terribles alcances de la gordofobia y el bodyshaming: el hacer el pedido de lo que vas a consumir en un local. ¿Y qué tiene todo esto que ver con el tema? se preguntarán. Y es que no saben la cantidad de veces al día que escucho a la gente pedir comida con vergüenza, y con mil excusas de por medio.

Los “Ay, voy a pedir unas tostadas con palta porque no he desayunado”, “De acá no como hasta mañana así que dame dos galletitas”, o los “ya filo, más rato voy al gimnasio, hazme el latte con leche entera no más” los escucho todos los días. ¿Quién nos hizo tanto daño para tener que gastar energías en excusarnos para un acto tan simple –y delicioso– como comer? Como si tuviéramos que pedir disculpas por darnos gustitos, como si nos sintiéramos juzgados por lo que decidimos echarnos a la boca.

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Hornear como forma de amar.

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La mayoría de las veces la situación se torna peor cuando las personas van en pareja o grupo a comer, porque las explicaciones ya no van sólo hacia mí, sino que se entra una especie de proceso de negociación entre ellxs, porque todxs esperan a ver qué pide el resto para decidirse a hablar. Así, muchas veces, si el amigo A sólo se toma un café, el amigo B desiste de la idea de comer algo, por muchas ganas que haya demostrado antes. O comen acompañados o no comen. Y si bien no es asunto mío, también me enchucha cuando alguien quiere caleta comer algo rico y el amigx le tira en supuesta talla que va a comer algo muy guatón. A mí me da pena, y qué rabia que no puedan ver las caritas que ponen las personas cuando reciben esos comentarios. Básicamente le estay amargando toda la salida a la persona a pito de tus propios prejuicios, y aunque no te importe, déjame confesar que también me arruinas el rato a mí porque es incómodo y me cuesta dejar ir estas cosas y me quedo todo el resto del turno dándole vueltas (y más que el turno porque holi, estoy escribiendo sobre esto).  

Al final del día, más que juzgar el comportamiento de clientes, me lo tomo a personal y me pregunto cuántas veces he hecho lo mismo. Y me pillé caleta de veces comprando un quequito para comer en el local y otra cosita para llevar, pastelito que obvio me moría por comer ahí mismo pero que me daba vergüenza pedir porque quien me atendía podía reírse internamente de mí. Sólo espero no haber sido así con alguna amiga, porque harto que cuesta querernos y sentirnos cómodas con nosotras mismas como para que llegue alguien que estimamos y con un comentario muy nada nos tire para abajo y nos haga sentir avergonzadxs.

No quiero sonar moralista ni nada, pero puchacai, hagámonos un favor todxs y seamos más felices. Obvio que si mi amiga es intolerante al gluten no le voy a decir que se coma el queque con harina de trigo, pero no me vengan con cosas de salud cuando el miedo a comer y que te vean es puro fatshaming incluso de gente que es flaca. Propongo hacer ese ejercicio la próxima vez que pidamos comida, no pedir palitos de sushi para tres cuando sabes que te vas a comer la bandeja solitx. Yo prometo no juzgarlxs. Yo prometo no juzgarme.

3 respuestas a “LQCLB: bodyshaming en las cafeterías

  1. Primera vez que leo tu “blog” y me hace mucho sentido lo que escribes. Porque estoy en la misma posición, viendo todo el día este actuar con culpa frente a la comida.

    Personalmente amo comer y cocinar!, compartir recetas y visitar lugares sola o con amigos. Y sí debo confesar que antes no aceptaba mi cuerpa curvy por darle en el gusto a la sociedad, tampoco estoy de acuerdo con la normalización que se le da a la obesidad. Pero estoy aprendiendo a conocer mi cuerpa y amarme como soy, me permito comer de forma sana, y por supuesto a veces tentarme y probar los manjares del mundo entero jajaja.

    En fin, puedo decir que nunca he criticado lo que los demás comen, pero si lo hacía conmigo miiisma, súper dura y severa. Pero aprendí.

    Me encantaría que las personas leyeran esto para que sean conscientes de lo ridiculo y violento que pueden llegar a ser frente al tema “comida”.

    Gracias Andrea!

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  2. Qué real esto. Mi trabajo de ahora no es la mejor cafetería del universo, pero cuando la persona elige siempre viene seguido de una excusa, que me parece absurda, pero ahora que lo mencionas es como “Wow! Que cierto”.
    Yo normalmente pido cosas sin asco a qué pensaran JAJAJA pero es verdad que hay otras personas que siempre son muy enfáticas (a veces demasiado) en tener que decir la excusa para comer lo que comen, como si fuera una contraseña de autorización💧

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