Por Belén Fernández. 22 años y un poco más. Lectora, espectadora y Snoopy aficionada. Visto de negro todos los días y siempre recomiendo buenas series.

Cada día que pasa es inevitable sentirse categorizado, acorralado, discriminado e incluso apuntado con el dedo por el simple de hecho de haber nacido entre: 1980-1990 (aunque bien discutido) o más bien ser reconocido como un integrante de la generación Y o –como todos le dicen– Millennial. Curiosamente, hace un tiempo y desde la experiencia personal escuché por primera vez a mi madre, asidua de mantenerse informada y que irradia esa importante labor que uno de saber “donde está parado”, dirigirse a mí y preguntarme: “¿Qué es un millennial?” Y si no fuera solo esa la pregunta, la acompañó con un tímido: “¿Por qué los critican tanto?”

Escuchar gente desplegar múltiples comentarios (desde buenos a malos) acerca de la vida de estos personas, casi como si se tratase de un foco de estudio insertado en la sociedad y que viene a desordenar todo lo que ya conocemos, intentando hablar más fuerte, imponer un respeto básico y humano, pero aún más simple: exigir lo que se promete. Así me surge esta pregunta: ¿Quién asegura que no somos los llamados a cambiar las reglas del juego, buscando elevar la vida para ser naturalmente feliz?

Es un hecho que vivimos en una sociedad ultra conectada, híper comunicada y por qué no, excesivamente dependiente, hasta el punto que desde plataformas o aparatos inteligentes, que han sido a creados en pro de facilitar situaciones cotidianas como pagar la luz, se han interiorizado por parte de esta tribu primitivamente moderna ( y lo digo desde el punto que somos los más viejos que iniciaron la cuarta revolución industrial), hasta el punto que un solo clic es la solución del día al atraso por olvidar pagar tu servicio. 

Para efectos de esto llamaremos a cualquier sujeto millennial, probablemente usted que lee este texto: el gusano.

Dentro de un cajón inmenso de manzanas apetitosas o bien un sinfín de objetos que podrían ser adquiridos por una persona, es decir, algo trivial como comprar un bien, tenemos situaciones que se podrían dar o más bien, que podríamos simular hasta el punto que obedecemos a un comportamiento que la sociedad incide en nosotros y se justifica bajo el hecho que constantemente buscamos adquirir cosas, sin que realmente lo necesite, por esto: recuerde amigo:  no somos tontos, solo impulsivos. Así, todos más de alguna vez fuimos manipulados o caímos en la tentación de morder la manzana y adquirir algo que se ofrecía por redes y vivimos el rápido proceso de adquirirlo, pero el sinfín proceso de tenerlo en nuestra manos, porque negando o no, todos revisamos 24/7 dónde venía la cosa.

Créanlo o no, es un proceso que –bajo las variables que lo afectan– son las que definen nuestras características como compradores y/o vendedores, es decir nos caracterizan que tipo de gusano seremos, desde el que muerde la primera manzana del cajón, hasta el que contamina a todas y al final no se queda con ninguna, o el victorioso que encuentra la mejor manzana de todas, sin siquiera tocar las demás. Por esto es necesario comenzar desde la disyuntiva principal de cualquier gusano: ¿Cuál es la manzana que realmente quiero?

No es mentira que todos vivimos una encrucijada al tratar de adquirir algo: variables como el dinero, el costo del envío, el tiempo de llegada, la elección correcta, el color, el tamaño, la forma, etc. Esas son, entre otras, las problemáticas que nos podemos enfrentar. Ahora, si bien, conectamos con el grupo-estudio y la crítica social que se le hace a ellos, nos preguntamos: ¿Qué diablos quieren estos tipos? ¿Por qué cambian sus cosas y se desligan de ellas con tanta rapidez? ¿Por qué van y vienen? ¿Por qué reclaman por algo que es así y está determinado hace años?

Sin ir más allá, conectando la vivencia millennial, el gusano riesgoso que va al final del cajón, que se toma su tiempo de seleccionar y prioriza su supervivencia ante la idea de sucumbir en que descubran su vil plan de comerse todo, y lo que simplemente te ofrece cualquier entidad que vende algo, llegamos a la siguiente conclusión: si tú me ofreces la manzana más jugosa de la caja, yo quiero la manzana más jugosa de la caja. Ni más, ni menos. Así, hemos sido identificados como jugadores peligrosos que exigen lo que le es justo y que no dan su brazo a torcer ante el sistema establecido por otros, con esto: no se quieren cambiar las reglas, solo se están validando las que ya hay. 

Por esto, y por más, el adquirir algo, dentro del grupo gusano-millennial supone un proceso que no es menor a caer en las redes del consumismo y el acumulamiento. Es decir: ¿Soy exigente en como compro y lo que compro, pero aún así compro cosas que no me sirven? Sin embargo, querido amigo, es diferente a ser el gusano que se come la caja, a ser el gusano que se come la mejor manzana de la caja. Un gusano consciente supone ser capaz de definir lo que realmente quiere, a las variables que exige y obviamente, a pagar el precio que cree que es representativo a lo anterior. 

Finalmente, el ser millennial no apela a un comportamiento autodestructivo, holgazán y conformista, si no, que puede ser tomado como un riesgo, exigencia a lo dictado y por qué no, justicia a la preservación de la felicidad a través de establecer lo que quieres, incluso en los aspectos más lucrativos y comunes de la vida. Por esto, que se nos puede criticar, ten en cuenta lo siguiente: Recuerda que adquirir algo tiene límites, pero como comprador tienes la opción de elegir qué límites son los más adecuados para ti. La clave es priorizar, paga lo que tu creas justo. No te rindas, si te defines como “busquilla” siempre encontraaás, más aún si te gusta explorar.

Ve tus adquisiciones como un beneficio, no como un accesorio y por muy simple que se vea, si ese par de aros te hace sentir hermos@ ha cumplido su objetivo: realzarte más de lo hermos@ que ya eres y por último, sé seguro y cree en tu elecciones. Define lo que quieres y te preguntaré: ¿Qué gusano de la caja quieres ser? ☺️

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